22 de agosto… es inevitable recordar

El día 22 de Agosto, hace un año de aquella llamada, aquella llamada que jamás olvidaré. Viernes 22 de agosto a las 12:00h del mediodía. Lo único que supimos es que tenía algo grave en la cabecita, pero no me pudieron decir nada más por teléfono. Colgué, caí con todo mi peso en la silla del trabajo… y se me nubló todo. Mi compañera me preguntó, la miré… y el torrente de lágrimas fluyó. “Qué pasa?, qué pasa Laura?”, no sabía qué contestar. Sólo quería ver a Rubén, que estaba trabajando en la planta de abajo. “Dile a Rubén que suba”…

Cuando entró por la puerta y nos miramos… no hicieron falta palabras. Sus piernas perdieron fuerza y se doblaban, el color se esfumó de su cara, y lloré con más fuerza. Mi niño, qué pasaba con mi niño…

Rápidamente, montamos en el coche y nos dirigíamos al hospital, Rubén y yo, sin mediar palabra, ausentes, sintiendo las extremidades entumecidas y con un remolino de imágenes en la mente.

Una vez en el despacho, no entendimos ni una sola palabra que nos decía la neuropediatra… qué?, neurodegenerativa?, grave?, postrado en la cama?, futuro incierto? ingresarlo con urgencia?, desmielinizante?, células?, quistes?…. lloramos y lloramos, con una única pregunta, que prefiero guardar para mi, recibiendo sólo la imagen de una profesional sin expresión, sin sonrisa, sin la mínima frase tranquilizadora… (algo iba muy mal).

Salimos del hospital arrastrando las piernas, aún sin mediar palabra entre nosotros, sólo trabajaba la mente, y mucho. Una vez en el coche mi primera llamada fue para mi hermana, que estaba de vacaciones con su pareja. Salieron de golpe todas las palabras, pisándose unas a otras y, de nuevo, lágrimas.

Fuimos directos a la tienda de mi madre, jamás olvidaré ese momento (aun ahora me caen lágrimas sin cesar al recordarlo), abrimos la puerta y nos miró a los dos, deberíamos estar en el trabajo los dos… “Qué pasa?!!” “Noooo!”… no hubo más palabras por parte de mi madre, nos cogió a Rubén y a mi y nos abrazó a los dos. (Qué fuerte has sido siempre mamá) y lloramos un rato en silencio.

Rubén habló con su familia, al que dejé sólo, dándole intimidad, la cual, necesitaba.

Después de comer fuimos a buscar a Hugo, pero antes entré en la guarde y recuerdo a Paola, me abrió la puerta y le dije, “Puedo hablar con Reyes?”, ya me vio la cara, lo supo y nos miramos, una mirada corta pero llena de sentimiento.

Cuando Reyes me vio, nos abrazamos y lloramos sin entender nada. Y entró mi cuñada a buscar a mi sobrina, y fue el abrazo más duro que me he dado con nadie en la vida. Llorando las dos con todas nuestras fuerzas…

Por fin vi salir a Hugo y la cara te cambia, vuelves a sonreír al verlo. Tienes que ser fuerte delante de él y de Mario. Ya no puedes llorar, no pueden ver ni un cambio emocional en ti. Es difícil, pero lo intentas.

De camino a casa mis amigas me esperaban en el parque, aunque ese día no quería, después me di cuenta de que las necesitaba. Hablamos y lloramos un rato en el parque.

En fin… el día estaba terminando.

Y lo que no sabía o imaginaba, es lo que realmente estaba empezando. Todo lo que hemos vivido este año, toda la gente a la que hemos conocido.

Ya en la cama… no puedes dormir, y un año después así seguimos Rubén y yo… pero con la diferencia, que aquella noche no creíamos que sobreviviera a aquel fin de semana, te sientes absolutamente solo, y ahora aquí estamos luchando al máximo, con el apoyo de muchísima gente, que se que adora a mi hijo.

El 22 de agosto de 2016, esperamos que sea todavía mejor.

Laura, Rubén, Mario y Hugo

Un pensamiento en “22 de agosto… es inevitable recordar

  1. Un 22 de agosto de 2014 que conmovió todas vuestras entrañas, emociones, sentires, afectos…, que ha creado nuevas ilusiones y generado nuevas conductas para adaptarse mejor, para sentirse mejor, para vivirse mejor…
    Ante situaciones imprevistas y no deseadas solo cabe adaptarse, lo antes y mejor posible. La tierra parece hundirse y el cielo apagarse, pero una mirada te ilumina, un abrazo amoroso y profundo te estimula, una mano que acaricia te centra y tranquiliza.
    Un 22 de agosto de 2015 la sonrisa de Hugo sigue iluminando vuestra vida y la complicidad de Mario reforzando vuestra paciencia y perseverancia. Ya nada es igual, ni parecido, pero mientras el cambio fluya y la adaptación se acople la vida seguirá reforzando vuestras convicciones y alimentando vuestros sueños.
    Todo ha cambiado, pero para mejorar, para seguir creciendo junto a vuestros hijos, a vuestros padres, a vuestros hermanos, a vuestros amigos… conmoviendo e ilusionando a un tropel de personas que os aman y acompañan.
    La vida hace milagros, con mucho esfuerzo y buenas intenciones, buen ejemplo de ello son Laura y Rubén, vosotros.
    Gracias por enseñarme el lado oculto de la mejor vida posible, el amor generoso.
    Paco

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